Rosácea

A pesar de que suele afectar más a las mujeres, la rosácea tiende a ser más grave en los hombres. Aunque aparece entre los 30 y 40 años, el punto álgido de la enfermedad se sitúa entre los 40 y los 50 años. Entre los síntomas de la rosácea se encuentran el eritema, las rojeces persistentes, los vasos sanguíneos dilatados o la aparición de pápulas y pústulas en la zona central del rostro. Además, en los estadios avanzados de la enfermedad, puede producirse un hinchazón en la nariz u otras zonas del rostro, debido a la hiperplasia de las glándulas (i) sebáceas.

 

La rosácea es una enfermedad cutánea crónica, pero es posible llegar a controlarla gracias al tratamiento médico y a unos cambios en el estilo de vida. Dependiendo de la gravedad de los síntomas clínicos, los dermatólogos recomiendan un tratamiento personalizado. Otro de los elementos importantes para controlar la rosácea es identificar y evitar los factores desencadenantes (factores que causan eritema o brotes de las lesiones cutáneas). Algunos de estos factores más conocidos son la exposición a la radiación UV, las condiciones climatológicas extremas, el consumo de alcohol, la comida picante o las bebidas calientes. Para minimizar el impacto dañino de los factores que inducen con mayor frecuencia a la rosácea se recomienda una protección constante frente a la radiación UV (p. ej. mediante la aplicación sistemática de productos de protección solar con filtros anti-UV altamente eficaces), permanecer en habitaciones frescas cuando en el exterior haga calor, llevar ropa protectora como sombreros de ala ancha o bufandas en caso de exposición a condiciones climatológicas extremas, reducir el consumo de bebidas calientes y comidas picantes.

 

La piel es muy sensible frente a las irritaciones, por tanto, se deben utilizar sólo productos suaves para el cuidado de la piel. Establecer un régimen diario adecuado para el cuidado de la piel puede ayudar a controlar las rojeces. El tratamiento facial deberá empezar con la limpieza del rostro con un producto limpiador suave sin jabón, con el fin de reducir posibles efectos irritantes. El agua deberá estar tibia. También es importante mantener la piel del rostro hidratada con un producto hidratante no comedogénico, con un FPS de 15 o más para protegerla frente a las enfermedades inducidas por los rayos UV. Además, algunos productos contienen pigmentos verdes para contrarrestar de forma inmediata el aspecto rojizo del rostro.